Homilía del día: UNA VALIENTE HUIDA

Estamos inmersos en una lucha entre el bien y el mal. El demonio nos odia y siempre buscará la manera de hacernos daño, de detener la obra de Dios. Es por ello que debemos aprender a caminar guiados por la Palabra Bendita y bajo la voluntad del Altísimo.

La promesa de Dios sobre los que le temen es grandiosa, y dice el Salmo; "Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad; sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón." Debemos confiar en Dios para que pueda darnos las cosas que pide nuestro corazón.

Pero ¿a qué se refiere esto de confiar en el Señor? La primera lectura nos dice; "En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos." Hermanos, confiar en el Señor es cumplir sus mandamientos.

Algunos se dirán: es muy difícil, y el Divino Consejo nos responde: "Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo." Todos nosotros, los hijos de Dios tenemos la facilidad de cumplir con alegría los mandamientos ya que el vencedor vive en nosotros.

Juan nos explica la causa por la cual es posible hacer las cosas a la manera de Dios,‣"Queridos hermanos: Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él." Si naciste de Dios, eres su hijo, y si eres su hijo, eres vencedor, y si eres vencedor puedes complir sus mandamientos.

Y añade el apóstol: "Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?" Esta fe y valentía no significa temeridad pues el mismo Señor nos deja ver como funciona los mandamientos en una vida piadosa, dice; "En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra." Dios no quiere que mal entendamos valentía con ser necios y enfrentar algo que no podemos. El enemigo siempre buscará la manera de destruirnos, y dice el proverbio que el justo ve venir el mal y se aparta de el. Todos los padres de la iglesia concuerdan al decir que todos los que se queden quietos en su comodidad desobedeciendo al Señor pecan.

¿Acaso el Señor nos está enseñando a huir? Y la respuesta es sí. En ciertas circunstancias es lo mejor. Jesús mismo lo hizo en muchas oportunidades y no me digan que Él no podía salir airoso. Y nos dice nuestro Maestro: "Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo." Y si Jesús se escondía, huía de los que querían apresarlo o matarlo ¿Cuánto más nosotros? Ser imitadores de Jesús es nuestra meta. Y Él siempre actuó acorde a la voluntad del Padre; Orando y haciendo lo que le fue mandado.

Es por ello que el salmista nos recomienda algo que todo nacido de Dios debe hacer a diario; "Encomienda tu camino al Señor, confía en él, y él actuará: hará tu justicia como el amanecer, tu derecho como el mediodía." Encomendar al Señor tu camino es confesarle todo lo que sentimos y queremos y dejar que Él se encargue de nuestros asuntos mientras nos encargamos de lo que Él nos manda hacer.

Sigamos en camino del Resucitado haciendo aquello que Él nos pide hacer, haciendo y actuando en el poder de su amor. Al final, llegaremos a la meta donde entraremos en su presencia para adorarle por siempre en el reposo eterno de nuestro buen Dios. Amén.

Mons. Alexander J. Barroso U.

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