Marías y Martas…

Meditación: Lucas 10, 38-42

San Francisco de Asís

El Evangelio de hoy acerca de lo sucedido en la visita de Jesús a casa de María y Marta ha sido considerado muchas veces como evidencia de un cierto tipo de tensión en la Iglesia. Algunas personas, como María, ponen más énfasis en la importancia de dedicar tiempo a la oración y la contemplación; otros, como Marta, consideran más importante servir en la parroquia y trabajar por la justicia social.

Lamentablemente, a veces la tensión desemboca en conflictos en los que “las Marías” acusan a “las Martas” de darle poca atención al Señor, mientras que éstas acusan a aquéllas de falta de responsabilidad social.

Pero el Señor jamás quiso que el amor a Dios y el amor al prójimo fuera un factor de división. ¡Todo lo contrario! Él quiere que ambas expresiones de amor florezcan en cada corazón creyente y se complementen, como lo demuestra San Lucas al situar este relato de Marta y María inmediatamente después de la parábola del Buen Samaritano. Si bien Jesús nos invita a “ir a hacer” lo que hizo el samaritano (Lucas 10, 37), también nos invita a amarlo a él de todo corazón y escuchar su voz.

¿No hemos experimentado todos lo difícil que a veces nos resulta la interacción con ciertas personas, especialmente las que son o piensan muy diferente de nosotros? Cuando no se tiene una experiencia profunda y continua del amor de Dios, ser pacientes y bondadosos con otros puede resultaros un camino cuesta arriba.

Solamente el amor de Cristo puede cambiarnos, reanimarnos y fortalecernos para que luego nosotros sepamos amar, reanimar y fortalecer a otros; solamente teniendo el amor de Cristo en nuestro espíritu podemos compartir con aquellos a quienes debemos servir.

Posiblemente todos tengamos algo de Marta y de María en el corazón: queremos ser fieles al Señor, pero también queremos ayudar a los necesitados. Por eso, hay que tener cuidado para equilibrar bien la oración y el servicio, y para ello tenemos que dejar que la luz de Cristo ilumine nuestros razonamientos hasta que el amor divino nos anime. Sólo así podremos caminar con el poder del Espíritu y ser agentes de evangelización en el mundo actual.

“Jesús, Señor y Dios mío, sé que tú eres la fuente de toda bendición. Te pido que me ayudes a conocerte cada vez más en tu santa Palabra, y a la vez ser instrumento de tu amor para mis prójimos.”

Gálatas 1, 13-24
Salmo 139(138), 1-3. 13-15

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