La Suprema Alegría…

Meditación: Lucas 10, 17-24

En el Evangelio de hoy leemos que, al concluir su misión, los discípulos volvieron jubilosos por el extraordinario poder que el Señor les había dado para sanar a los enfermos y expulsar a los demonios, pero Cristo les recordó que más bien debían alegrarse de que sus nombres estuvieran escritos “en el cielo”.

Jesús quería que estos nuevos misioneros apreciaran el valor supremo de permanecer unidos a él. Más que nadie, ellos tuvieron el privilegio de pasar largas horas compartiendo con Cristo en persona, escuchando sus enseñanzas y viendo como él manifestaba su amor; tuvieron el gozo de saber que él había abierto para ellos el camino hacia el Padre. ¿No era ésta una razón mucho más grande para llenarse de alegría?

Una vez, la Madre Teresa dijo: “Mi vocación consiste en pertenecerle a Jesús. Esto significa amarlo con absoluta atención y fidelidad. La obra que hacemos no es otra cosa que un medio para expresar el amor a Cristo en algo concreto.”

Los cristianos tenemos a veces dificultades para controlar la tensión que se produce entre cumplir lo que Dios nos manda y cultivar la comunión con Cristo, lo cual se manifiesta además en las relaciones con familiares y amigos: Tendemos a expresar un amor superficial al marido o la esposa, a los hijos y amigos; y nos olvidamos de que más importante que limitarnos a cumplir nuestros deberes es cultivar la unidad y el amor al prójimo.

Si abrimos el corazón para que la verdad de Cristo nos llegue a la mente y el corazón, podemos experimentar los tesoros de la sabiduría y el amor del Señor; entender las Escrituras y vernos libres de los conceptos y actitudes mal orientados que hemos mantenido durante años; podemos invocar al Espíritu Santo y pedirle ayuda para tomar decisiones importantes durante el día. Si somos débiles, podemos crecer en fortaleza mediante la buena relación con Jesús; si somos pobres, podemos ser ricos en obras.

Hoy mismo abra su corazón haciendo oración y leyendo las Escrituras, y dele la bienvenida a Cristo en todos los aspectos de su vida; pídale que su presencia se manifieste en usted especialmente al cumplir sus labores cotidianas.

“Espíritu Santo, abre mis ojos para ver más claramente a Jesús, mi Señor, y enséñame a ponerlo por encima de todos mis valores, deseos e intereses.”

Job 42, 1-3. 5-6. 12-17
Salmo 119(118), 66. 71. 75. 91. 125. 130

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